8.2
Comida7.0
Decoración7.4
Servicio50€
Precio (sin bebida)
En plena huerta leridana, este restaurante se ha consolidado como un templo del producto. La calidad de la materia prima, el dominio de la brasa y una intervención mínima lo convierten en una parada imprescindible. Desde un pan tostado con aceite de la comarca hasta los “calçots”, alcachofas o guisantes lágrima en temporada, todo tiene sentido. También merecen atención los caracoles, los pies de cerdo o la longaniza. Las lionesas de nata ponen el broche final. El servicio, dirigido por el propietario, es cercano y se anticipa a las necesidades. Un lugar muy disfrutable que juega en una liga mayor de la que aparenta.
Cocina
Catalana / De mercado
Buenos por
Brasas/Asador / Clásico de siempre / Idóneo para conversar
Información
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