El verano en Cantabria se disfruta de otra manera. Aquí no hay prisas: playas rodeadas de acantilados, pueblos marineros con encanto y una gastronomía profundamente ligada al Cantábrico. Pescados salvajes, mariscos de temporada y arroces marineros protagonizan una cocina que sabe sacar partido a una de las mejores despensas del norte.
Estos son algunos de los restaurantes imprescindibles para saborear Cantabria durante los meses de verano.
Astuy (Isla): Frente a la playa, este histórico restaurante, con amplios comedores y una agradable terraza, lleva décadas siendo una referencia para quienes buscan grandes mariscos. La langosta es su sello de identidad, aunque la carta ofrece mucho más, con excelentes pescados y otras especialidades del Cantábrico. El vivero propio, que puede visitarse, y un servicio atento y experimentado explican por qué conviene reservar con antelación.
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Joseín (Comillas): Abierto únicamente entre Semana Santa y octubre, este histórico restaurante con vistas al puerto es uno de esos lugares que se disfrutan especialmente en verano. Su cocina tradicional, adaptada a los gustos actuales, reúne buenos pescados, mariscos, arroces, carnes de Cantabria y unos callos que se han convertido en uno de sus grandes clásicos. Ideal para disfrutar de los atardeceres del verano, especialmente desde la terraza.
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La Dársena (Suances): Con una decoración que combina la esencia marinera con un aire contemporáneo, este restaurante se ha consolidado como uno de los grandes referentes de la zona gracias a una cocina basada en pescados y mariscos frescos de gran calidad y a una estupenda bodega. En la carta destacan las zamburiñas, los percebes, las vieiras, los arroces, los pescados a la sal y las originales rabas de bogavante. Su terraza se llena cada verano y el servicio acompaña con recomendaciones siempre acertadas.
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La Redes (San Vicente de la Barquera): Con treinta años de historia, este restaurante se ha convertido en un referente para los amantes del pescado salvaje. Cabracho, rey o san Martín llegan diariamente a una cocina que tampoco renuncia a guisos marineros como el tradicional sorropotún ni a unos arroces que cuentan con numerosos seguidores. Si a ello le sumamos una bodega con grandes referencias y un personal muy amable, es fácil entender por qué es uno de esos sitios a los que siempre se quiere volver.
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Chiringuito El Puntal Tricio (Somo): Solo se puede llegar caminando desde Somo o en la tradicional pedreñera desde Santander, un recorrido que ya anticipa una experiencia muy especial. Abierto únicamente en temporada, este chiringuito frente al mar es uno de los grandes símbolos del verano cántabro gracias a una cocina basada en pescados y mariscos de gran calidad. Quisquillas, percebes, caracolillos, maganos, almejas o pescados salvajes protagonizan una carta para disfrutar con los pies en la arena. Conviene reservar con antelación, especialmente si se opta por las cenas con menú cerrado y trayecto en barco incluido.
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La Venta de Abajo (La Revilla): Antigua casa de postas convertida en un acogedor restaurante, donde el comedor con chimenea y la terraza, con espectaculares vistas a la ría de San Vicente de la Barquera, los Picos de Europa y el Parque Natural de Oyambre, invitan a disfrutar sin prisas de una cocina profundamente cántabra. Recetas tradicionales, verduras de la huerta y unos célebres huevos encapotados, presentes en casi todas las mesas, definen una propuesta que se completa con un trato cercano y familiar. Conviene reservar.
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Celina Bonita (Santillana de Mar): En este pintoresco pueblo empedrado, una acogedora casona de piedra alberga un restaurante que reinterpreta la cocina tradicional con un punto creativo. Vieiras con velo de papada y cítricos, flor de alcachofa con queso, anchoas con brie frito o unas carrilleras que se deshacen sin resistencia demuestran que aquí hay espacio para sorprender sin perder las raíces. Los postres caseros ponen el broche final a una comida para recordar.
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La Tucho (Santander): Este es uno de esos restaurantes en los que enseguida se nota que se va a comer bien. Su ambiente familiar, un equipo que sabe recomendar y una cocina de mercado centrada en pescados, mariscos y moluscos de gran calidad explican por qué lleva años siendo un referente. Sus rabas son famosas, aunque tampoco conviene pasar por alto el rape, la merluza rebozada ni unos irresistibles postres caseros. Cuenta con terraza acristalada, una zona exterior ideal para tomar el aperitivo y parking propio. Imprescindible reservar.
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El Cazurro (Liencres): Sobre la playa de La Arnía, este restaurante disfruta de una de las vistas más espectaculares de la costa quebrada. En su comedor acristalado se disfruta de una cocina marinera donde no faltan los maganos encebollados, los bocartes, las rabas y excelentes pescados y mariscos. Todo elaborado con sencillez, como en casa, y a un precio muy competitivo.
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Asador El Puerto (Castro-Urdiales): Junto a la catedral de Santa María, su terraza y las vistas al puerto convierten a este clásico en una de esas mesas que siempre apetecen en verano. Pescados y mariscos del Cantábrico, excelentes arroces marineros y una cocina tradicional basada en el mejor producto de temporada explican por qué mantiene intacto su prestigio. Merece la pena preguntar por los fuera de carta y acompañar la comida con alguna de las referencias de su amplia bodega.
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