Hay platos que forman parte de la identidad de un país y que, con el paso del tiempo, han traspasado fronteras hasta convertirse en referentes de su gastronomía. En Italia, la pasta ocupa un lugar fundamental en la mesa cotidiana. Presente en las comidas familiares, en las trattorias tradicionales y en los restaurantes de cocina contemporánea, constituye mucho más que un ingrediente: es una expresión de la cultura gastronómica italiana y de una forma de entender la cocina.
Hablar de pasta en Italia es hablar de una enorme diversidad de formas, texturas y elaboraciones, vinculadas a las tradiciones de cada región. Espaguetis, bucatini, paccheri, tagliatelle, ravioli, orecchiette o trofie ofrecen distintas posibilidades, tanto en su elaboración —seca o fresca, con masas, cortes y rellenos variados— como en su combinación con las salsas. Desde preparaciones sencillas a base de aceite, ajo o tomate hasta otras con quesos, carnes o verduras, cada receta busca el equilibrio entre sus ingredientes y el punto de cocción adecuado. Los bucatini all’amatriciana, los spaghetti alla carbonara, los tagliatelle al ragù o los clásicos cacio e pepe son ejemplos de un recetario que ha traspasado fronteras sin perder su identidad regional y que hoy convive con interpretaciones más creativas.
Con motivo del Día de la Pasta, en Macarfi hemos seleccionado algunos restaurantes donde disfrutar de este gran clásico, desde casas que defienden las recetas regionales italianas y la elaboración artesanal hasta propuestas que reinterpretan la tradición con una mirada personal. Lugares donde la pasta ocupa el centro de la mesa y permite descubrir distintas formas de entender uno de los grandes pilares de la gastronomía italiana.
Esta es solo una selección. En nuestra web y app Macarfi puedes descubrir muchos más restaurantes y encontrar tu próxima dirección para disfrutar de un buen plato de pasta.
Bottega Bernacca (Barcelona): Los amantes de la pasta italiana encontrarán aquí buenas razones para sentarse a la mesa: desde unos fettuccine al ragú de vaca vieja hasta unos clásicos cacio e pepe, siempre con la cocción al dente como punto de partida. La carta, corta y apetecible, se completa con entrantes para compartir, carnes y pescados, además de bocados originales como el bikini de cotechino y fontina. Tras su éxito en São Paulo, el local abre en Gràcia en un espacio cuidado, con mesas vestidas, buenos vinos y un servicio atento.
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Osteria del Ponte (Girona): Cinco platos de pasta muy bien ejecutados son el principal atractivo de esta casa italiana, que completa su breve carta con un excelente vitello tonnato y varias versiones de tagliata. La ubicación, junto al puente Eiffel y frente al río, suma atractivo a un espacio de dos plantas, con decoración sobria y moderna y una bonita terraza en la parte superior. La carta de vinos, corta pero interesante y con precios razonables, y un servicio joven y cercano completan una propuesta prometedora.
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Noi (Madrid): Lejos de los códigos habituales de un italiano convencional, Gianni Pinto propone un recorrido gastronómico por distintas regiones de Italia a través de una cocina personal y creativa. Su menú degustación dedicado a la pasta merece especial atención, con elaboraciones frescas y bien ejecutadas que respetan la esencia de cada receta. La amplitud y luminosidad de los comedores, la cuidada decoración y el atractivo de la sala principal refuerzan la experiencia, acompañada de un servicio eficiente y una interesante selección de vinos autóctonos.
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La Piperna (Madrid): Nello, chef y propietario, imprime un sello personal a una cocina italiana auténtica, con destellos de autor y alejada de las fórmulas convencionales. La pasta fresca, elaborada al momento, ocupa un lugar central, con platos como los raviolis de ternera y los paccheri al ragù napoletano, junto a una sabrosa parmigiana. Conviene prestar atención a los fuera de carta, siempre apetecibles. En sala, su mujer Victoria atiende personalmente a los comensales y recomienda los vinos de una bodega que ha seleccionado ella misma, con especial protagonismo de las referencias italianas y algunas joyas difíciles de encontrar.
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Coppola (Abando, Bizkaia): Con una personalidad propia y un ambiente abierto a todo el mundo, este italiano se ha ganado un lugar entre los imprescindibles de Bilbao. La carta recorre los clásicos de la cocina italiana, desde pastas y pizzas hasta lasañas y risottos de gran calidad, junto a propuestas más atrevidas que sorprenden desde el primer bocado. El local es pequeño, con una decoración rebelde y mesas algo apretadas, pero su ambiente desenfadado invita a quedarse. Vinos bien seleccionados, cócteles italianos y conciertos ponen la guinda. Con horario non stop, conviene reservar con antelación.
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Ché Ragazzi (Alicante). Recetas italianas reconocibles y combinaciones originales conviven en una carta amplia que busca salirse de lo común. Entre los platos que no fallan están la pizza La Bella Montanara, con base frita, mortadela de Bolonia, burrata, pesto genovés y ralladura de limón, y la lasaña de chuletón. Las carnes maduradas y el tiramisú completan una oferta que combina tradición y vanguardia en un local moderno y cuidado. Cuenta con otro local en Elda.
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Osteria Angelino dal 1899 (Málaga): Con más de cien años de historia en Roma, Osteria Angelino lleva desde 2012 acercando la cocina italiana a Málaga. Su especialidad es la pasta artesanal romana, con una carta breve en la que las recetas van cambiando y conviven con clásicos como los espaguetis carbonara. También han pasado por sus fogones la lasaña de rabo de toro y los ravioli de ricota y espinacas. Aquí no sirven pizzas, pero sí unos cannoli imprescindibles para los más golosos. Un local acogedor, con una pequeña terraza, que invita a sentirse en Italia.
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Nenet Bistró (Santander, Cantabría): La autenticidad es la mejor carta de presentación de este pequeño italiano de Santander, regentado por una pareja romana que apuesta por la cocina de siempre. La pasta artesanal, clásica y sin adornos superfluos, encuentra en la carbonara uno de sus grandes aciertos, junto a los bucatini all’amatriciana. Los raviolis de patata fritos son otro de esos bocados difíciles de olvidar, mientras que el pollo a la romana y las albóndigas de pollo y calabacín mantienen el espíritu casero. Una atención cercana completa una propuesta que convence sin necesidad de artificios.
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Radici (Colunga, Asturias): La cocina del Piamonte encuentra su sitio en este modesto restaurante, donde una pareja llegada de la región defiende las recetas tradicionales con honestidad y sin artificios. La pasta casera, siempre al dente, y un excelente vitello tonnato, cremoso y bien equilibrado, son dos buenas razones para sentarse a la mesa. Sin pizzas en la carta, la casa apuesta por una cocina de mercado, reposada y con fondo. Los menús varían con la temporada y el local mantiene un ambiente sencillo, acogedor y personal.
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Otto (A Coruña): A Coruña cuenta con un rincón donde descubrir la cocina romana de la mano del chef Michele Peroni. Su elegante local combina una spritzzeria, centrada en el Spritz, los embutidos italianos y los aperitivos típicos, con una trattoria que reivindica la pasta fresca casera, las recetas tradicionales y los productos de temporada. La carbonara y la cotoletta alla milanese son algunas de las elaboraciones que dan forma a una carta fiel a la tradición italiana. Y para cerrar la visita, cuesta elegir entre postres como los cannoli, el tiramisú o la panna cotta.
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Via Torino (Murcia): Tras una decoración sencilla, con manteles de papel, se esconden auténticos sabores italianos. La carta reúne pastas caseras, pizzas al horno de leña, risotti y una variedad de antipasti, con una carbonara al estilo romano especialmente conseguida. En los momentos de mayor afluencia, el servicio puede perder algo de agilidad, pero su cocina y su ambiente informal lo convierten en una buena opción para disfrutar en familia.
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Bocaccio 70 (Burgos): El reconocido chef Ricardo Temiño firma una cocina italiana con fusión castellana, contemporánea y creativa, con un marcado sello de autor. Aquí no hay pizzas, sino platos que reinterpretan la tradición con ingenio y una cuidada presentación. Destacan los raviolis de boletus con salsa funghi y torreznos, la alcachofa con «anticarbonara» y anguila ahumada o el risotto de ibérico. La carta se completa con dos menús degustación. El espectacular interiorismo, elegante y rompedor, con tonos y terciopelos rojos, acompaña una experiencia singular. Un ristorante castellano que sorprende por su personalidad.
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