No todos los veranos pasan por la playa. Cada vez son más quienes buscan disfrutar de esta época del año en pueblos con calles tranquilas, plazas donde alargar la sobremesa, ríos donde refrescarse, montañas, senderos o cascos históricos llenos de encanto. También están quienes vuelven, como cada año, al pueblo de su infancia para reencontrarse con la familia, las fiestas y esos lugares que forman parte de su memoria.
En ese recorrido aparecen algunos de los grandes sabores del interior. El lechazo asado de Castilla, la cocina serrana de Cuenca, el recetario manchego, los productos del Bierzo, las especialidades sanabresas o propuestas creativas profundamente ligadas a su territorio. Restaurantes que invitan a descubrir villas medievales, sierras, ríos, viñedos y algunos de los paisajes más bellos de Castilla y León y Castilla-La Mancha.
Esta es nuestra selección de restaurantes para disfrutar de la mejor gastronomía mientras recorres algunos de sus pueblos con más encanto durante el verano.
Muna (Ponferrada, León): En pleno Bierzo, una comarca cada vez más apreciada para las escapadas de verano gracias a sus viñedos, montañas y patrimonio histórico, esta casa destaca por su capacidad para unir dos culturas gastronómicas aparentemente lejanas. Samuel Naveira combina técnicas y recetas japonesas con una cuidada selección de productos bercianos en un menú degustación lleno de contrastes, donde destacan bocados como el nigiri de trucha, el yakitori de jabalí o un sorprendente ramen. Una cocina creativa, precisa y con mucha personalidad que deja huella.
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La Posada de Sanabria (Puebla de Sanabria, Zamora): Situado en la Plaza Mayor de la villa medieval de Puebla de Sanabria, a pocos minutos del mayor lago glaciar de la Península, escenario de baños y actividades náuticas durante el verano, esta acogedora posada propone una cocina tradicional basada en el recetario de la comarca, con especialidades como los habones, el pulpo a la sanabresa o la ternera local. Su comedor de piedra y su agradable terraza la convierten en el lugar perfecto para alargar la sobremesa.
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Casa Kume (Candelario, Salamanca): En Candelario, una pintoresca villa que duplica su población durante el verano gracias a su clima fresco, sus calles de arquitectura tradicional y el encanto de sus fachadas repletas de macetas, la cocina gira en torno a la brasa y al producto de calidad, con carnes, pescados y verduras de la huerta que pasan por la parrilla y el horno de leña. Entre sus imprescindibles, la empanada de carne y la molleja de ternera.
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Sotanillo (Peguerinos, Ávila): En Peguerinos, un pequeño pueblo rodeado de pinares que cada verano atrae a quienes buscan naturaleza y temperaturas más frescas cerca de Madrid, dos jóvenes chefs firman una cocina técnica, creativa y profundamente ligada al producto de proximidad, sin renunciar a la esencia de la cocina española. Imprescindibles los torreznos con emulsión de azafrán, el puerro con papada ibérica o el lomo de vaca ibérica negra avileña. Conviene reservar los fines de semana.
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Reina XV (Real Sitio de San Ildefonso, Segovia): Inspirado en el Palacio Real de La Granja, cuyas monumentales fuentes solo se ponen en funcionamiento durante los meses estivales, este elegante espacio propone un viaje a la cocina de la corte a través de recetas históricas reinterpretadas con una mirada contemporánea. Entre sus platos más representativos destacan el bollo Isabel de Farnesio, los judiones de La Granja con consomé de faisán o la trucha segoviana. La cuidada bodega, el refinado servicio de sala y la música clásica de fondo completan una experiencia de aire palaciego.
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Virrey Palafox (El Burgo de Osma, Soria): En El Burgo de Osma, una histórica villa que cada verano llena de vida sus calles soportaladas y su imponente catedral, este restaurante familiar lleva más de medio siglo defendiendo la cocina tradicional. Verduras de temporada, platos de cuchara, pescados, mariscos y carnes de calidad componen una carta donde no faltan los torreznos ibéricos, la sopa castellana o el cochinillo asado, además de menús especiales de matanza y setas en temporada.
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Aitana (Aranda de Duero, Burgos): Aranda de Duero es uno de los grandes destinos gastronómicos del interior, especialmente durante el verano, cuando sus bodegas subterráneas medievales y su excelente oferta enogastronómica atraen a numerosos visitantes. En esta casa, el gran protagonista es el lechazo IGP de Castilla y León, asado en horno tradicional, junto a otras especialidades como la morcilla, las mollejas de lechazo o las cocochas de bacalao.
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Hostería los Palmeros (Fromista, Palencia): El Camino de Santiago encuentra en Frómista una de sus paradas más bellas, entre iglesias románicas, el Canal de Castilla y un entorno perfecto para disfrutar del verano. Instalado en un antiguo hospital de peregrinos, este restaurante propone una refinada interpretación de la cocina castellana a través de tres menús degustación, donde brillan la menestra palentina, el lechazo y los pichones de Tierra de Campos, junto a una bodega con más de quinientas referencias.
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Mannix (Campaspero, Valladolid): En plena Ribera del Duero vallisoletana, una de las grandes escapadas gastronómicas del verano entre viñedos y bodegas, cinco generaciones han convertido este asador en todo un referente del lechazo castellano. El cordero churro, cocinado en horno de adobe únicamente con agua y sal, es el gran protagonista, acompañado de excelentes carnes, casquería tradicional, postres caseros y una amplia bodega.
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El Retorno (Consuegra, Toledo): Entre molinos de viento, calles con sabor manchego y un patrimonio que atrae visitantes durante todo el verano, Pedro Rodríguez combina tradición y creatividad en una cocina llena de matices, donde destacan las migas con huevo poché y panceta crujiente, el solomillo de ciervo, el bacalao con manitas de cordero o una excelente caldereta de lechal. También ofrece un menú degustación que permite descubrir lo mejor de la casa.
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La Casota (La Solana, Ciudad Real): A escasos metros de la Plaza Mayor de La Solana, donde las terrazas y el ambiente veraniego llenan de vida el centro de la localidad, este restaurante reivindica la cocina manchega con el cordero lechal de su propia ganadería como gran protagonista, del que ofrecen la paletilla, las chuletitas, la molleja o la pierna frita. El espacio se completa con una cafetería y una tienda donde descubrir quesos e ibéricos de la zona.
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Fogones el Chato (Alcalá del Júcar, Albacete): A orillas del río Júcar, entre casas excavadas en la roca, un puente romano y uno de los paisajes más singulares de la zona, esta casa invita a hacer una parada tras un día de baños y paseos junto al río. Las carnes a la brasa son la gran especialidad, con excelentes chuletas de cordero recental, secreto ibérico u oreja de cerdo adobada, además de un buen gazpacho manchego y un crujiente pulpito. La terraza, cubierta de parras, es uno de sus grandes atractivos durante el verano.
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Mesón Nelia (Villalba de la Sierra, Cuenca): A las puertas de la Serranía de Cuenca, muy cerca de la Ciudad Encantada, el Ventano del Diablo y las hoces del Júcar, ideales para refrescarse durante el verano, este restaurante familiar lleva desde 1967 ofreciendo una cocina conquense actualizada que reinterpreta con acierto platos como el ajoarriero con albaricoque, el morteruelo, el bacalao con pisto manchego o la hamburguesa de corzo. Sus distintos espacios, entre ellos una agradable terraza, permiten disfrutarlo en cualquier ocasión.
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El Doncel (Sigüenza, Guadalajara): Rodeada de calles medievales, una imponente catedral y un castillo convertido en Parador que domina la ciudad, esta casa familiar ocupa una casona del siglo XVIII ligada a la misma familia desde hace cuatro generaciones. Los hermanos Pérez elaboran una cocina de alta gastronomía profundamente vinculada al producto local, con dos menús degustación que combinan tradición y creatividad, acompañados por panes artesanos, vajilla de diseño propio y una excelente selección de quesos.
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